EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO | JD SALINGER

EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO JD SALINGER

Insistencia: “Tenés que leer este libro”, me repetía mi amiga Iael. “¿De qué trata?”, preguntaba yo, un poco reticente. “Léelo, es…un chico rebelde, léelo”, me respondía vagamente. Un año entero esta conversación ocurrió constantemente. No fue hasta la desaparición de J. D Salinger, su creador, que dejé de dudar en la lectura de El guardián entre el centeno. Sospecho que la novedad de su fallecimiento, lo que me dio la seguridad de que este libro era clave entre la literatura del siglo XX.

Escrito en primera persona, es Holden Caulfield quien nos habla. Un joven que desde la primera palabra desnuda su privacidad y la comparte con nosotros. Por su bajo desempeño, lo echan de la escuela secundaria de Pency. Ahí empieza la historia, en los días posteriores, donde empieza a pasear por Nueva York y nos ofrece las impresiones de su situación.

Es un joven rebelde, que insulta a tontas y a locas en cada instante utilizable. Lo realiza porque nada le agrada, porque es una manera de sacar su bronca interior. O por lo menos eso deseamos creer. Es el habitual chico que nada le viene bien, que lo tiene todo pero está infeliz. Holden nos va a llevar a sus visiones, donde básicamente no hay nada que no le moleste.

Mientras el libro avanzaba, iba conociendo aspectos de un Holden relajado, un poco hogareño. Los recuerdos con sus hermanos se muestran en todo momento, en particular con su hermanita menor Phoebe. Debo decir que esa conexión entre los dos hermanos me capturó, me enterneció. Es un vínculo que él lo va a determinar de diferentes formas pero jamás desde el cariño. Va a decir que le agrada pasar tiempo con ella y la va a adular en cada ocurrencia. Lo que cuenta Holden basta y sobra: la adora.

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No queda afuera el despertar sexual, sus inquietudes, su inexperiencia. Sobran encuentros con mujeres para que Holden nos arroje su criterio que sucede del desdén a la fascinación. Intenta ocultarnos todo para no caer en el mismo estereotipo que sus camaradas de Pency, que le molestan. Todo compilado en su chiquita hazaña por Nueva York mientras se enfrentamiento en proyectos futuros, lejos de todos para huír de su situación.

No me queda más que insistir en que este libro merece ser leído. Puedo enumerar las razones: Salinger escribió en primera persona y Holden nos habla de manera directa a nosotros, se crea un ida y vuelta con el lector que sólo en el final nos vamos a hablar que lo vamos a extrañar, como a un efímero amigo. La relación con su hermana, otro de los puntos, rompe con la figura rebelde y es requisito para que Holden no se vuelva un personaje odiable a lo Lolita de Nabokov. Los recuerdos de su familia, desarrollan una perspectiva diferente de las que poseemos del Holden en las primeras páginas, cuando se enlista para dejar Pency.

Un último comentario. No es novedad que algunas cosas se pierden en las traducciones de los libros, utilidades propias del lenguaje. Pero, El guardián entre el centeno –si se tiene la posibilidad- cobra un sentido más fuerte si se lo lee en su idioma original, el inglés. Son las expresiones, la deformación del lenguaje, el abuso de las expresiones del joven estadounidense, que refuerzan la iniciativa de rebeldía, de romper esquemas, de odio. En conclusión, agradezco que mi amiga me insistiera.

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